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La razón por la cual los budistas pueden dejar de preocuparse y pueden aprender a adorar la “mentalidad de nosotros contra ellos”

Illustration of protest

(Traducido por Luz Rodriguez, con Daniel M. Dayley y Soledad Mora Vasquez.)

Un refrán ensayado a menudo en las comunidades budistas y contemplativas se refiere a la necesidad de superar la “mentalidad de nosotros contra ellos” (que abreviaré como MNCE). Esta idea tiene pleno sentido. La mentalidad dualista influye en muchas de las concepciones fastidiosas sobre los otros que conforman nuestros mundos sociales, ideas del otro a lo largo de los ejes de la raza, clase, género, sexualidad, especie, capacidad (la triste cadena sigue y sigue). La MNCE se debe transformar en la medida en que contribuye a los sistemas de dominación.

Sin embargo, éste no suele ser el argumento más corriente que oigo a compañeros budistas y contemplativos. Más bien la crítica más habitual de la MNCE se dirige a los activistas y a los propios movimientos sociales. El planteamiento suele ser el siguiente: los activistas corren peligro de reproducir la mentalidad dualista y opositora por la forma de concebir y enfrentarse a sus adversarios. Hace poco tiempo hablé con Dawn Haney de la Hermandad budista por la paz (BPF, por sus siglas en inglés), una organización de vanguardia del budismo comprometido, y me contó que la BPF había escuchado a varios budistas preocupados por el lenguaje del 99% frente al 1% durante el “Ocupa Wall Street”. Muchos budistas se preguntaron “¿Qué pasa con el 100%?”.

No existe un “nosotros” puro y perfectamente libre de los males que criticamos. Aunque sea budista, mi ego se encabrita con regularidad y provoca sufrimiento en mí y en los demás. Incluso como activista comprometido con la justicia social, los dictados sociales dominantes todavía pueden correr por las venas de mi organismo, buscando la luz del día. La facilidad con la que el ego y el hambre de control pueden montar campañas guerrilleras contra nuestras buenas intenciones es una buena razón para trabajar con uno mismo, incluso mientras trabajamos para lograr la justicia social. Pero nada de esto pretende terminar con la mentalidad de nosotros contra ellos porque esa finalidad es en sí una forma de MNCE: crea otro “ellos”, aparentemente empantanada en el estiércol del dualismo.

Hasta que se logre la sociedad iluminada y la mente no-conceptual sea el terreno universal de actuación de toda la humanidad, la MNCE va a seguir existiendo. Resulta incluso más importante que la mentalidad de nosotros contra ellos sea crucial para el cambio político. Negar su poder es jugar con la irrelevancia política o lo que es peor: al no tomar partido claro en la lucha por la justicia climática, la justicia racial, la justicia de género y la justicia económica, los contemplativos se convierten fácilmente y de facto en apoyo del statu quo. No debemos luchar contra la MNCE en general sino contra la utilización inepta del pensamiento antagónico. A continuación figuran las cuatro herramientas de pensamiento, diseñadas para distinguir las formas de pensamiento antagónico que sirven a la justicia.

Cuatro herramientas de pensamiento

1) Las dos verdades. Durante mi conversación con Dawn de BPF le pregunté cómo se enfrenta a la incomodidad budista ante el pensamiento antagónico. Para ella, la insistencia en las dos dimensiones simultáneamente existentes de la realidad (absoluta y relativa), lo que es una parte esencial de la filosofía budista, puede contribuir a suavizar la preocupación sobre la división política entre los budistas. La realidad absoluta pone nombre a la interrelación definitiva entre todos los seres y cosas. La realidad relativa contribuye a poner nombre a las distintas formas en que la existencia se manifiesta (piedra, árbol, humano, junto con las distinciones variadas en cada una de estas categorías). Muchas de estas diferencias no son políticamente destacadas, pero los humanos tienen el don de distribuir ventajas injustas, basadas en diferencias existentes o creadas (raza, clase, género, sexualidad). Se trata de injusticias reales pero relativas; existen simultáneamente junto a la interrelación absoluta o definitiva de todos los seres. Las dos verdades se pueden aplicar a la política con utilidad. Puedo reconocer que estoy enredado absolutamente con mis adversarios; puedo sentir compasión por su sufrimiento incluso mientras busco eliminar su privilegio relativo. Dicho de otro modo, las dos verdades permiten utilizar la MNCE a la vez que también permiten mantener la humanidad absoluta de nuestros adversarios. El salto directo a nuestra humanidad absoluta (“¿Qué pasa con el 100%?” “¡Todas las vidas importan!”), sin reconocer las divisiones relativas e históricas que se nos han impuesto, es un ejemplo de lo que el profesor zen angel Kyodo williams denomina “trascendencia prematura”.

2) La diferencia entre humanos y sistemas. Los racistas no son la supremacía blanca. Habría que eliminar despiadadamente ésta última de la tierra. Los racistas se engañan y a menudo son viciosos pero tienen dentro un corazón humano tierno y dolorido. Reconocer nuestra relación humana absoluta con los individuos que perpetúan las injusticias sistemáticas no significa que tengamos que amarlos ni perdonarlos sino que significa que podemos compadecer su ignorancia con el corazón incluso mientras despotricamos furiosamente contra los sistemas dominantes que apoyan. Pese a que estos sistemas y estructuras están diseñados por humanos, ellos mismos son desalmados. Carecen de capacidad compasiva; no nos degradamos al procurar su destrucción. El juego político final consiste en desenraizar los sistemas dominantes pero manteniéndose enraizado en la humanidad absoluta de los opresores e incitadores. La mentalidad de nosotros contra ellos, bien aplicada, se mantiene enfocada en los sistemas que nos dividen, que reprimen la posibilidad del florecimiento universal.

3) La MNCE inepta es dominante y esencialista. La mentalidad de nosotros contra ellos es dominante cuando se dirige contra grupos marginales o pretende marginar a un grupo no dominante (como indicaremos más adelante, marginar a los grupos dominantes puede contribuir a la justicia). Los efectos dominantes de la MNCE inepta se amplifican cuando además la MNCE es esencialista, cuando plantea diferencias permanentes y esenciales entre los grupos (por ejemplo, cuando Larry Summers, a la sazón presidente de la Universidad de Harvard, planteó la teoría de que las mujeres son biológicamente inferiores al hombre en campos como las matemáticas y la ciencia). El esencialismo niega la interrelación absoluta entre los seres, disminuye el potencial para que se produzca un florecimiento universal y rompe la capacidad de sentir compasión y solidaridad sobre las diferencias.

4) La MNCE hábil es generadora y condicional. La mentalidad de nosotros contra ellos es generadora cuando crea la posibilidad de que se produzca un florecimiento universal. Causará gran dolor dirigirse contra el 1% y expropiarle su riqueza, pero también creará las condiciones para la mejora social. Imaginen lo que se puede lograr con la riqueza concentrada del club de los multimillonarios: guardería infantil universal, salario básico universal, universidad gratuita, transporte colectivo gratuito y espacios verdes por doquier. Los post-multimillonarios también se pueden beneficiar de este amanecer equitativo y de la felicidad y creatividad colectivas que habilita. Pero la MNCE sólo puede ser verdaderamente generadora si también es condicional (o anti-esencialista)—si reconoce la transitoriedad de “lo otro” que produce. Podemos despotricar contra el 1% y el sistema capitalista que habilita su dominación, al mismo tiempo que reconocemos la interrelación absoluta con los nuevos aristócratas. Esta conexión absoluta, aunque no esté clara actualmente, se puede manifestar en el aquí-y-ahora a través de una política social que promueva el florecimiento universal.

La división puede unificar: el caso de la liquidación del combustible fósil

La oposición exhaustiva a la mentalidad de nosotros contra ellos es un paso hacia la irrelevancia política, o lo que es peor, hacia la complicidad. El movimiento por la liquidación del combustible fósil ejemplifica las ventajas de la MNCE. Según la periodista Naomi Klein: “No hay una táctica que haya producido una resonancia más potente en la guerra climática”. En tres breves años el movimiento ha logrado convencer a más de 800 inversores para que desinvirtieran más de 50.000 millones de dólares estadounidenses en las compañías de combustible fósil. Esta cifra inmensamente grande se queda pequeña si se compara con la valoración de los 4.880 miles de millones de dólares estadounidenses que manejan públicamente las compañías del mercado mundial de combustible fósil (es meramente el 1%). Pero el hecho de que instituciones culturalmente poderosas hayan participado en esa desinversión, como la Universidad de Stanford, el Consejo Mundial de las Iglesias y la Fundación Rockefeller, está comenzando a marginar la industria y a hacer mella en el punto muerto político sobre el cambio climático.

¿Por qué ha tenido tanto éxito el movimiento? ¿Por qué ha producido una resonancia con el público de formas que antes no lograron los esfuerzos previos para mitigar el clima? La clave de la popularidad del movimiento ha sido señalar a un enemigo del cambio climático: la industria del combustible fósil. Todos consumimos combustibles fósiles en el “norte” global, todos contribuimos al cambio climático, pero la gran mayoría de nosotros no financia una negación del clima ni impide cambios legislativos sobre el clima. Y lo más importante es que no nos beneficiamos fabulosamente de una industria que amenaza la vida en el planeta. Como escribió Bill McKibben en un artículo de Rolling Stone, titulado “Terroríficas cifras nuevas del calentamiento global”, que corrió como la pólvora y contribuyó a lanzar el movimiento: “hemos conocido al enemigo y ellos es Shell”.

Las emociones fuertes como la ira, la esperanza y la solidaridad facilitan las acciones individuales que conforman el trabajo colectivo de los movimientos sociales. La MNCE puede proporcionar la intensidad emocional, la ira dirigida (¡ellos!) y la solidaridad sentida (¡nosotros!), necesarias para desencadenar un movimiento social. Es una elección peligrosa renunciar a la MNCE al referirse al cambio climático porque olvida a los culpables principales y debilita la energía emocional necesaria para potenciar un movimiento histórico mundial.

Hace poco tiempo que Steve Douglas, un vicepresidente de Suncor, la compañía gigante de arenas petrolíferas, habló en la Universidad de Victoria en la que trabajo. Señaló a la audiencia que la desinversión en combustible fósil produce demasiadas divisiones. Insistió en que podemos todos trabajar juntos; podemos formar el equivalente de una formación ciclista aerodinámica y cabalgar en la estela de un futuro con menos carbón. Se trata de una posibilidad atractiva que desgraciadamente es engañosa. Las compañías de combustible fósil como Suncor son compañías de combustible fósil; su modelo de negocio necesita la extracción e incineración de fuentes combustibles ricos en carbono que tenemos que mantener en la tierra. Según el informe anual de Suncor en 2013, “las emisiones GEI (gases de efecto invernadero) absolutas de nuestra compañía seguirán aumentando mientras seguimos una estrategia de crecimiento prudente y planificado”. Los esfuerzos intensivos de cabildeo formarán parte integral de los planes de Suncor para crecer puesto que contradicen las exigencias biofísicas para la estabilidad climática. Steve Douglas sufre como todos los seres humanos y siento compasión por él pero su compañía está programada actualmente para poner en peligro una multitud de especies que me preocupan profundamente (particularmente la mía). Steve se puede quedar pero Suncor tiene que desaparecer.

¡La MNCE unida!

Al no enfrentarnos a compañías como Suncor, al no convertirlas en un ellos, al intentar llevarnos bien con ellos, nos convertimos en cómplices de sus intereses egoístas peligrosos. No es una hipérbole indicar que la capacidad de vida de nuestro planeta depende de nuestra disposición para desafiar a quienes suprimen sistemáticamente las posibilidades del florecimiento universal. Cuando es generadora y condicional, la mentalidad de nosotros contra ellos presta servicio a nuestra interrelación absoluta: se trata de la no-dualidad en funcionamiento. Compañeros budistas y contemplativos, aceptemos la MNCE como una forma feroz y rica de compasión. Nuestra liberación colectiva depende de ello.


Agradezco de corazón los comentarios generosos de Kai Beavers, Gabriel Dayley, Dawn Haney, Mushim Patricia Ikeda, Alexis Shotwell y Trudi Lynn Smith sobre este artículo. Sin embargo, todos los errores son míos.


El doctor James K. Rowe es profesor ayudante de Estudios Medioambientales en la Universidad de Victoria. Se formó como científico político e investiga y enseña sobre campos como la ecología política, la teoría crítica, la historia de los movimientos sociales y la economía política. Su trabajo se centra especialmente en las causas, efectos y rectificaciones de la injusticia social y ecológica.


Ilustración por Alicia Brown

 

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